martes 8 de septiembre de 2009

si te lanzas, seguro rebotas..

tu sexo.. dulce, suave, fuerte, expectante.. transparente tirando a blanco.. sí, como la luz blanca que entra a un cuarto sin permiso.. tu sexo entra en mi memoria con todo mi permiso, con todas mis ganas, con todo mi afán.. hago click sin siquiera tener que hacer doble click, y ahí.. justo en ese botón de mi mente, estás tú. apareces siempre que te llamo.

si estás leyendo, te quiero.

miércoles 27 de febrero de 2008

en blanco.

¿y quién dice que no me puedo quedar en blanco? 
sí... en blanco, traslúcido, chocante, desesperante. 
se me pierde la tinta. me toca hacer refill de corazón. 
¿órgano o músculo? 
anoto la dirección donde hacen refills. 
al cabo de un rato se me borra la tinta 
del papelito donde escribía precisamente 
el lugar donde re encontrar mi tinta perdida. 
apunte borrado. desaparecido el mapa.  
y me pega el sueño otra vez. 

miércoles 13 de febrero de 2008

intento pornográfico.

y de repente se me antoja - quizá desde lo más transparente de mi sexo - escribir alguna pieza porno. sí... una de esas aproximaciones pornográficas que me rondan la cabeza de vez en cuando. me detengo a pensar siquiera si conoceré el significado de la palabra pornografía. no... no lo sé. no tengo ni la más mínima idea de qué pueda significar. digamos que soy nueva en este tema... tan es así que lo que llevo escrito hasta ahora, es cualquier cosa menos una pieza porno. ¿o será cuestión de inventar un nuevo género llamado ≤la porno-reflexiva≤? quizá estoy muy lejos de engendrar un arte que se le parezca. el arte de lo explícito.

a ver... y es que... ¿cuán explícita puede ser la excitación más plena, más profunda? no hallo cómo multiplicar su sensación en forma de letras vastas, burdas, comprensibles, o peor aún... accesibles al entendimiento. tan sólo algunas imágenes viejas y otras inventadas logran acelerar mi circulación más de lo normal.

pienso en ti. pienso en ti más de la cuenta. ¿y quién lleva la cuenta?... (advierto una suerte de nostalgia sexual.) te has ido sin mucha anestesia ni hilos sobre los cuales sostener más de diez recuerdos. y es cuando acabo por escoger las diagramaciones sexuales de mi propio cuerpo para no perder la sensación de ti. algunos segundos presentes se solapan al vértigo de un orgasmo inesperado. una imagen que diluye años de soledad. mi piel sobre la tuya. el vértice de tu sexo, lo voy llevando a tempo y a destiempo, sin dudas ni sentencias... tan sólo un ir y venir. y me cortan tus caricias la respiración, tus besos la indiferencia, tus palabras la tristeza. eres, como por arte de magia, el dibujo que tantas veces he fabricado a solas.

no hallo fantasía alguna que me separe de ti... me sumerjo en la nueva certeza de tenerte dentro de mí. cualquier artefacto de mi imaginación debe primero pasar por el filtro de tu piel y tu mirada.

he aquí mi nada censurable intento pornográfico... a cambio del cual sólo te pido que no me quites las ganas de hacer otra cosa en la vida que no sea besarte.

qué demonios.

fueron tantos los días en los que me dediqué única y exclusivamente a borrarte de mi rostro enardecido… que terminé olvidando por completo las razones por las cuáles temblé ante ti aquella noche. no es cosa fácil olvidar a alguien. pero encuentro aún más difícil recordalo tras el olvido, tras el lanzamiento al mar, tras las tachaduras de todo cuanto te llevó hasta él.
y no cabían ya, siquiera las repetidas preguntas: ¿dónde estarás? ¿qué estarás haciendo? ¿habrás terminado tu libro? ¿habrás podido comprarte la chaqueta que tanto querías? y qué triste es ver cómo de la noche a la mañana, completas los silencios tan sólo a punta de páginas vacías y licencias mal guardadas… la licencia de haberte amado… sí, quién sabe por qué ni para qué.
la verdad… no sabía siquiera que habitaran en mí tal número de subsuelos, envestidos de pura cotidianidad: de alguna taza de café rota en el borde, algún horario engrapado a golpes, alguna llamada de algún desconocido, algún email arrastrado a la basura de inmediato, alguna reunión pautada desde ayer. y es que somos (o soy) infalibles a la hora de resaltar cuanta porquería tenemos… infalibles a la hora de esconder cuanta belleza tenemos… y quizá a punta de gritos – aquellos inócuos y los enmudecidos también – me empeñé en desaparecer no sólo cada una de tus miradas, sino en matar cada latido que atentara sentirte. y dejé de percatarme que algo quedaba en mí de ti. dejé de asegurarme tu olor en mis manos. dejé de lucir mi amor cual cartel pésimamente escrito. dejé, así sin más, de saber que te quería. se me escapó el entrelineado de tu piel ya alejada de mí. se me derramaron los sueños que tanto quise guardar entre mis pestañas. se volvieron mierda cada una de las palabras que habías hipotecado para salvaguardar mi corazón. y ahora ya no sé qué demonios eres para mí… si alguna fotografía oxidada, algún anexo a mi curriculum, algún aprendizaje mal aprendido, alguna burla de mí misma, algún conocido no tan conocido, algún capítulo escrito en cualquier idioma menos el mío, algún reflejo o pretexto que no lleva sino mi nombre, alguna sangría dentro de mis añoranzas… o qué demonios.

cuánto.

cuánto quisiera verte… burlarme de los miles de kilómetros que no me lo permiten, egoístamente achicar la tierra para poder caminar y caminar junto a ti… romper las leyes de gravedad que nos anclan cada quién en su país… desdibujar un poco la geografía definitivamente mal dibujada… desmentir cualquier informe de vuelo que me sentencie tan lejos de ti… inundar toda plataforma que me impida el paso hacia tu risa… maldecir hasta el cansancio los relojes que se empeñan en marcar horas distintas… descolocar las insoportables fronteras que no hacen sino recordarnos quiénes somos… quiénes somos en soledad… mas no en compañía.

cuánto quisiera verte…

factura subterránea.

habían transcurrido varios años ya desde aquél entonces, cuando caminando tranquilamente un día por la via doppo, escucho un grave quejido proveniente de una alcantarilla bajo mis pies. se me pasma la boca del estómago y me pregunto qué será lo que produce semejante sonido. un sonido hondo que retumba en las paredes subterráneas de tal manera, que logra suscitar en el suelo que piso, un inesperado escalofrío. son muchos los que se refieren a dichos escalofríos como terremotos. de alguna manera se empeñan en quitarle humanidad a la tierra… es la única manera de salvaguardarse un poco de su veracidad, de su presencia irrefutable, de su voz. cuando la tierra habla, la tierra habla. (ahora me doy cuenta de ello.)

me pregunto si otros estarán escuchando lo mismo que yo, temblando lo mismo que yo, o si será éste un mensaje sólo para mí. miro a mi alrededor y cada quien sigue su camino. los rostros de otros transeúntes no parecen estar afligidos por este sonido tan alarmante. por lo visto yo y solamente yo, soy receptor inequívoco de tan pertubador quejido.

decido agacharme para escuchar de cerca y quizá ver de dónde proviene exactamente. acerco mi rostro y mi cuerpo a la alcantarilla, cuando de repente, me lanzan desde abajo, un sobre blanco… y cesa el quejido. aterrado, abro el sobre en cuestión. y para mi asombro, al desdoblar la hoja, me doy cuenta que se trata de una factura, con acuse de recibo… esperando a ser firmado por mí mismo. la factura está a nombre de una compañía que desconozco, pero ciertamente es mi nombre que está sobre la raya supuesta a llevar mi firma.

esta factura detallada viene escrita en forma de pregunta.

“¿para qué volteas a mirar a una bella mujer un día, hace más de diez años, sobre esta misma calle, para invitarla a un trago, enamorarla con tus promesas pobremente tejidas de hombre íntegro y amoroso, llevarla a la cama, hacerle el amor como nunca antes se lo habían hecho, acariciarla y decirle que no quieres dejar de verla, mudarte con ella, recibir una llamada siete meses después en la que te hace saber padre de su bebé, decirle que no lo quieres tener, coger tus maletas, dejarle un poco de efectivo sobre la mesa, trancar la puerta, irte para no volver jamás… y pensar que aún habiendo pasado más de diez años… puedes caminar tan tranquilo por la misma calle?”

banquete de mierda.

cenamos juntas una noche, cada una de mis ausencias y yo.
a mi lado derecho, se encontraba mi ausencia de dinero, quien había deliberadamente ordenado un exquisito vino africano acompañado de un pato laqueado a la francesa. sentada junto a mi ausencia de dinero, cínicamente se encontraba mi ausencia de éxito, quién acaparaba la atención de todo el restaurante, firmando uno y otro autógrafo. un poco más lejos se encontraba mi ausencia de cultura quién nos tenía a todos mareados con sus disertaciones y discursos sobre la relación entre la caída del imperio romano y las infamias políticas del siglo xxi. a mi lado izquierdo, se encontraba mi ausencia de amor, quién descaradamente se besaba con mi ausencia de sexo, produciéndome la excitación más patética de todas. al otro lado de la mesa, mi ausencia de integridad tergiversaba cada una de las estructuras que componían mi alma. a su lado, mi ausencia de coraje, había obstinadamente decidido amarrarse las manos a la silla y permanecer inmóvil durante toda la cena. un poco más allá, mi ausencia de salud se encontraba absorta pasando en limpio las facturas detalladas de cada uno de mis descuidos, que poco tardaría en entregarme. cerca de la otra punta de la mesa, mi ausencia de familia me mostraba a lo lejos, fotografías y fotografías de todos aquellos momentos preciados que he dejado pasar. y finalmente, exactamente en la punta opuesta a la mía, se encontraba mi ausencia de mí… obsequiándome la mirada más rejodidamente vacía del mundo.

al cabo de un tiempo - demasiado largo para mi gusto - pedimos la cuenta.

¿y quién termina pagando la cuenta? yo, por supuesto…
la única presente en ese banquete de mierda.